Satisfacer una demanda exigente implica realizar un cambio rotundo de mentalidad a la hora de producir alimentos. En este sentido el sector asume el cambio de paradigma, ante el reto de producir más con menos recursos.

Todo cambio en el agro responde a una demanda, pero no sólo a la ya conocida demanda creciente de alimentos, sino a una nueva forma de consumo. Lo que ahora se advierte son consumidores muy sofisticados: hiperconectados, exigentes en inocuidad, trazabilidad, que desean una diversidad de nutrientes y con una profunda conciencia en la sustentabilidad. Y no se trata de una minoría elitista, es la clase media la que está dispuesta a pagar más. Baste observar a modo de ejemplo la magnitud de la tendencia verde, que representa los que otrora fueran considerados nichos.

Estas nuevas exigencias de la demanda y el hecho de producir más alimentos con menores recursos recaen en las espaldas ya cargadas de los productores. La buena noticia es que no están solos. Nuevos actores se suman al desafío de la producción primaria mediante el desarrollo de tecnologías disruptivas para crear una red multidisciplinaria.

Los grandes se suben

Las grandes inversiones se dirigen hacia esa nueva demanda. Empresas globales como McDonald’s, con el menú vegano “McVegan”, se suman a la ola de inversiones que se posicionan en el ecosistema innovador. Entre otras, también pueden mencionarse: Syngenta, que desembolsó u$s7,3 millones en AgriMetis LLC, empresa biotecnológica que busca replicar las defensas de las plantas para protegerlas de las plagas de manera ecológica; Cargill, que compró una industria de alimento balanceados naturales, Diamond V, para producir lácteos y carnes libres de antibióticos; Basf, que lanzó el programa AgroStart para seleccionar e invertir en proyectos que den respuestas a los retos presentes en el campo, como la automatización de procesos, la toma de decisiones, la calidad de vida y el manejo de los cultivos, utilizando el Big Data, Internet de las Cosas (IOT) y movilidad.

Mientras tanto, los robots son una de las tantas innovaciones que se están viendo en Australia, Japón, EE.UU y que ya se están desarrollando en Argentina. Se tratan de pequeñas unidades alimentadas a energía solar que, a través de la inteligencia artificial, son capaces de detectar la necesidad de la planta y tomar decisiones. Por ejemplo, detectar la presencia de cierta especie de malezas y decidir cuál es la mejor forma de controlarla. También hay robots aplicados a la fruticultura que detectan la densidad de frutos para establecer correlaciones, controlan de plagas y cosechan mediante un brazo mecánico.

El mundo tira

Mientras esto ocurre, surgen cada vez más emprendimientos “boutique” de alimentos saludables muy bien promocionados en las redes sociales, donde su fuerte es la “venta online”.

Los agricultores, por su parte, van tomando conciencia del exponencial cambio tecnológico y de las crecientes y variadas demandas en el presente escenario. Y cuentan con una alta capacidad de cambio y resiliencia para adecuarse al nuevo paradigma. Los ámbitos de intercambio son los congresos tecnológicos como el CREA Tech, las hackatons organizadas por el Minagro (Ministerio de Agroindustria de la Nación), concursos de startups -como el Premio 2017 BCR a la Innovación- o viajes a los centros de innovación del mundo como Silicon Valley o Israel.

En definitiva, los cambios tecnológicos no son más que la consecuencia de los cambios socioculturales (conciencia de los problemas medioambientales, de la finitud de los recursos, seguridad alimentaria, inocuidad de los alimentos, creciente urbanización, etc.). En ese punto, la complejidad de las demandas o de los patrones de consumo determina una agricultura que no es única, es una agricultura con diversidad de modelos y, por lo tanto, que impone desafíos de creciente profesionalización y complejización de la actividad productiva y de las actividades de asesoramiento o de prestación de servicios. La revolución 4.0 es respuesta a esos desafíos.

Qué es la Revolución 4.0

También denominada como la “Cuarta Revolución Industrial” (se agrega a la lista de cambios radicales que generaron en la productividad mundial la máquina de vapor, la electricidad y la informática), define las transformaciones que se esperan gracias a la utilización de sistemas ciberfísicos, que combinan infraestructura física con software, sensores, nanotecnología, tecnología digital de comunicaciones. Entres las nueva herramientas se cuentan: “Internet de las cosas” (IoT); cloud computing o nube; o Big Data.

El principio básico es que las empresas podrán crear redes inteligentes capaces de controlarse a sí mismas, a lo largo de toda la cadena de valor.

Fuente Campo Litoral